Finaliza el voluntariado con una visita al parque nacional de Tsavo

África sigue cautivándolas cada día: por su gente, siempre acogedora y sonriente, y por una naturaleza intensa, exuberante y absolutamente grandiosa

Tras participar en la misa de las 7 de la mañana en Tewa y compartir un último almuerzo juntos, alumnos y profesoras iniciaron una nueva etapa. Fue momento de despedirse de la "grandma" y de todas las personas que las han acogido durante estos días, así como del lugar que ha sido su casa durante su estancia en Kenia.

Cuatro jeeps llegaron para conducirlas hacia Tsavo. Durante las casi tres horas de trayecto, dejaron atrás la costa de Kilifi, sus inmensas palmeras cargadas de cocos y los pueblos llenos de vida. El paisaje fue transformándose progresivamente hasta dar paso a una vegetación más baja y a una tierra cada vez más rojiza, característica de la región de Tsavo.

Antes de llegar al parque, realizaron una parada obligada para comer y visitar una gran tienda de recuerdos, llena de máscaras, figuras de animales, joyas artesanales y objetos típicos africanos. Allí pudieron vivir otra de las experiencias auténticas del país: el arte del regateo.

Ya dentro del parque nacional, el silencio se impuso. Los cantos y la música dejaron paso a la emoción de la observación. Y la naturaleza no tardó en recompensarlas. Los primeros elefantes aparecieron entre la vegetación y pronto se convirtieron en los grandes protagonistas de la tarde. Pudieron observar muchos ejemplares, algunos con sus crías, a muy poca distancia.

La jornada también regaló la observación de cebras, monos, búfalos, un hipopótamo, un facoquero (Pumba), una hiena, varias aves, gacelas y una elegante jirafa caminando con su cría.

África sigue cautivándolas cada día: por su gente, siempre acogedora y sonriente, y por una naturaleza intensa, exuberante y absolutamente grandiosa.