Empieza la cuenta atrás

El sábado, la jornada empezó con una gran fiesta deportiva

Una mañana, antes de irse a la escuela, el grupo pudo conocer mejor la labor de Tewa Training Center, una iniciativa que trabaja para ofrecer formación profesional a chicas de la zona. En un contexto en el que las mujeres a menudo tienen menos oportunidades educativas y laborales, Tewa las prepara para que puedan acceder a trabajos calificados y construir un futuro mejor para ellas y sus familias.

En la escuela, algunos cursos estaban realizando exámenes y las actividades se concentraron principalmente con los más pequeños. También se siguió avanzando en la pintura del muro de entrada, uno de los proyectos de mejora que han acompañado estos días de voluntariado. Además, se repartieron nuevas faldas de uniforme confeccionadas gracias a la solidaridad de las familias de La Vall. Las cuatro niñas que habían quedado pendientes ya pudieron estrenar sus faldas, y las que las recibieron expresaron su agradecimiento con dibujos y muestras de cariño.

La jornada estuvo marcada especialmente por las despedidas. Niños, profesores y voluntarias intercambiaron cartas, dibujos, recuerdos y muchos abrazos. Unos vínculos que, después de días compartiendo clases, juegos y experiencias, se habían hecho muy difíciles de dejar atrás.

Por la tarde llegó uno de los momentos más esperados: una salida de snorkel en una reserva marina protegida de la costa. Las alumnas pudieron descubrir un fondo marino espectacular, lleno de peces de colores, estrellas de mar, corales e incluso dos pulpos, un hallazgo tan poco habitual que sorprendió a los mismos guías.

Ya de regreso a Tewa, el día se cerró compartiendo conversaciones, reflexiones y anécdotas con las chicas del centro y con todo el grupo de voluntarias.

El sábado, la jornada empezó con una gran fiesta deportiva en el campo de fútbol junto a la escuela. A pesar de ser festivo y no haber clases, cientos de niños y niñas de Shariani participaron en una mañana llena de juegos, relevos, competiciones, castillos humanos, bailes y risas. La energía y el entusiasmo de los participantes convirtieron la actividad en una celebración inolvidable.

El momento final llegó con el reparto de gorras y camisetas, una escena cargada de emoción que, año tras año, sigue siendo imposible controlar del todo por la alegría desbordante de los niños.

Por la tarde fueron al Beach Club, un sitio turístico muy cerca de Tewa a descansar un poco y disfrutar del entorno y la compañía.